Como todos los libros de Cristina Peri Rossi, no deja indiferente al final de su lectura, aunque tal vez se puede afirmar con seguridad que no es precisamente su mejor libro de poesía por mucho que le hayan concedido el premio Loewe de este año. En esta entrega sí existe una unidad temática de fondo y de forma, y evidentemente no puede medirse en términos de lírica desbordante, metáforas preciosistas, ritmo y compás. Cualquier lector de su poesía es consciente de que no son los puntos fuertes de la autora uruguaya afincada en España desde hace ya casi tres décadas. Pero entonces, si no son ésos sus puntos fuertes, ¿qué se le puede exigir para que haya alcanzado el reconocimiento internacional? A mi entender Peri Rossi es mejor como novelista que como poeta. Ahí quedan para los amantes del desgarro, el vacío, el desamor y el sinsentido dos novelas muy notables: "Solitario de amor", y "El barco de los locos". Como poeta, en este "Playstation" aborda de nuevo estas constantes, con ironía, cierto cinismo que no huele a pose, y con ese aire ya no tan provocador a estas alturas del siglo en los que a nadie extraña que haga bandera de su lesbianismo. Sus aciertos estriban precisamente en esa unidad de forma y fondo de la que hablaba al comienzo. El tono de los poemas no exige una atención excesiva, ni una lectura reiterada y repetitiva para captar todos los entresijos y revueltas de un mensaje profundo. No. Fondo y forma responden al mismo mensaje: el vacío, la nada cotidiana, y el deseo de escribir como único modo de encontrarnos a nosotros mismos y no perdernos en este laberinto del caos y el estrépito de la posmodernidad. Y en ese sentido, es de agradecer que se aleje la autora de tanta preciosidad y falsa solemnidad que aquejan a poetas de tres al cuarto que pasean sus ínfulas por las plazas de Iberia con aires de existencialistas profundos que han descubierto solos el sentido vacuo de la vida, y tienen el honor de concedernos sus hondas reflexiones. No es que sólo por eso haya de concedérsele una oreja a Peri Rossi, dicho sea en términos taurinos que no desentonan del lenguaje poético. Pero a un premio de ese calibre y a una autora de su peso cabría exigirle algo más, si es que tiene algo más que decir que no haya dicho ya. Más mensaje, más fuerza expresiva-que ya ha demostrado tener-, más indagaciones sobre la naturaleza humana en clave poética, con metáforas o sin ellas. Con todo, se le ha concedido un goloso premio literario. Así está el patio poético en este país, igual que esa inmensa mayoría de toros que ruedan sin bravura ni trapìo por las plazas, por no salir del símil taurino.
martes, 16 de junio de 2009
PLAYSTATION
Como todos los libros de Cristina Peri Rossi, no deja indiferente al final de su lectura, aunque tal vez se puede afirmar con seguridad que no es precisamente su mejor libro de poesía por mucho que le hayan concedido el premio Loewe de este año. En esta entrega sí existe una unidad temática de fondo y de forma, y evidentemente no puede medirse en términos de lírica desbordante, metáforas preciosistas, ritmo y compás. Cualquier lector de su poesía es consciente de que no son los puntos fuertes de la autora uruguaya afincada en España desde hace ya casi tres décadas. Pero entonces, si no son ésos sus puntos fuertes, ¿qué se le puede exigir para que haya alcanzado el reconocimiento internacional? A mi entender Peri Rossi es mejor como novelista que como poeta. Ahí quedan para los amantes del desgarro, el vacío, el desamor y el sinsentido dos novelas muy notables: "Solitario de amor", y "El barco de los locos". Como poeta, en este "Playstation" aborda de nuevo estas constantes, con ironía, cierto cinismo que no huele a pose, y con ese aire ya no tan provocador a estas alturas del siglo en los que a nadie extraña que haga bandera de su lesbianismo. Sus aciertos estriban precisamente en esa unidad de forma y fondo de la que hablaba al comienzo. El tono de los poemas no exige una atención excesiva, ni una lectura reiterada y repetitiva para captar todos los entresijos y revueltas de un mensaje profundo. No. Fondo y forma responden al mismo mensaje: el vacío, la nada cotidiana, y el deseo de escribir como único modo de encontrarnos a nosotros mismos y no perdernos en este laberinto del caos y el estrépito de la posmodernidad. Y en ese sentido, es de agradecer que se aleje la autora de tanta preciosidad y falsa solemnidad que aquejan a poetas de tres al cuarto que pasean sus ínfulas por las plazas de Iberia con aires de existencialistas profundos que han descubierto solos el sentido vacuo de la vida, y tienen el honor de concedernos sus hondas reflexiones. No es que sólo por eso haya de concedérsele una oreja a Peri Rossi, dicho sea en términos taurinos que no desentonan del lenguaje poético. Pero a un premio de ese calibre y a una autora de su peso cabría exigirle algo más, si es que tiene algo más que decir que no haya dicho ya. Más mensaje, más fuerza expresiva-que ya ha demostrado tener-, más indagaciones sobre la naturaleza humana en clave poética, con metáforas o sin ellas. Con todo, se le ha concedido un goloso premio literario. Así está el patio poético en este país, igual que esa inmensa mayoría de toros que ruedan sin bravura ni trapìo por las plazas, por no salir del símil taurino.
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